Ciudad de México — El fortalecimiento del fenómeno de El Niño en el océano Pacífico ecuatorial está aumentando los riesgos para las empresas mexicanas ante la posibilidad de sequías prolongadas, temperaturas extremas, incendios forestales y una mayor presión sobre el suministro de agua y energía. El escenario plantea desafíos para sectores productivos que dependen de recursos hídricos, infraestructura logística y condiciones climáticas estables.
Marsh, firma global especializada en gestión de riesgos, corretaje de seguros y consultoría, advirtió que las organizaciones en México deberán reforzar sus estrategias de prevención, continuidad operativa y resiliencia para reducir potenciales impactos sobre la producción, la infraestructura, las cadenas de suministro y el capital humano.
El Niño podría alcanzar una intensidad muy fuerte
De acuerdo con las proyecciones del Centro de Predicción Climática de la NOAA y del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), existe un 63% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027. De concretarse este escenario, podría situarse entre los episodios más intensos registrados desde 1950.
En México, sus efectos podrían modificar de manera considerable los patrones de precipitación y temperatura, además de coincidir e interactuar con la temporada de ciclones tropicales. También existe preocupación por una mayor incidencia de olas de calor severas, periodos prolongados de sequía y condiciones favorables para incendios forestales.
Los impactos no serán uniformes. En el noroeste se anticipan lluvias durante el invierno, seguidas de una primavera cálida y seca que podría elevar el riesgo de incendios. En el noreste y la Península de Yucatán se espera un incremento de las precipitaciones y una mayor interacción con frentes fríos durante los meses de menor temperatura.
En el centro y norte del país, por su parte, las anomalías cálidas previstas para primavera y verano podrían profundizar el déficit de humedad y extender los efectos de la canícula.
Sectores productivos enfrentan mayores presiones
El sector agroalimentario figura entre los más expuestos debido a su elevada dependencia del agua. Según los datos incluidos en el análisis, esta actividad concentra alrededor del 76% de la demanda nacional del recurso, por lo que un escenario de estrés hídrico y térmico podría reducir la disponibilidad de materias primas y elevar la volatilidad de los precios.
Las industrias manufactureras con uso intensivo de agua también enfrentan riesgos. Las actividades vinculadas con bebidas, alimentos, productos químicos y automóviles podrían registrar interrupciones operativas y mayores costos asociados con los sistemas de enfriamiento.
A estas presiones se suma el posible incremento de la demanda sobre el Sistema Eléctrico Nacional debido al mayor uso de climatización. Paralelamente, los fenómenos meteorológicos extremos podrían afectar carreteras, redes de transporte y otras infraestructuras esenciales para el movimiento de mercancías.
El impacto climático alcanza al capital humano
Los efectos empresariales no se limitan a instalaciones y cadenas productivas. El informe People Risks 2026 de Marsh señala que el 77% de los empleados a nivel mundial afirma que ellos o sus familias se han visto afectados por el cambio climático.
Estas condiciones pueden traducirse en ausentismo, afectaciones a la salud física y mental y pérdidas de productividad. La Organización Panamericana de la Salud también advierte que las temperaturas extremas y las alteraciones hídricas pueden incrementar la incidencia de padecimientos cardiovasculares y favorecer la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue.
«El fenómeno de El Niño representa una amenaza que va mucho más allá del ámbito meteorológico; altera la disponibilidad de recursos esenciales como el agua y la energía, degrada la productividad y tensiona las cadenas de valor. A nivel global, el Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial ubica a los eventos meteorológicos extremos como el riesgo más severo para la próxima década y señala que la vulnerabilidad de la infraestructura crítica es un factor clave de amplificación del riesgo climático; de hecho, se estima que las empresas en países de ingresos bajos y medios pierden al menos USD 300 mil millones al año por infraestructura de transporte, electricidad y agua poco confiable.. Prepararse con anticipación permite reducir pérdidas, proteger a las personas y acelerar la recuperación cuando ocurre una emergencia, asegurando la resiliencia operativa y la protección del capital humano ante eventos cada vez más recurrentes e intensos», señaló René Ríos Muela, líder de consultoría en riesgos climáticos y de sustentabilidad en Marsh México.
Empresas buscan fortalecer sus planes de continuidad
Ante este panorama, Marsh recomienda revisar los Planes de Continuidad de Negocio para incorporar escenarios de deterioro gradual provocado por la escasez de recursos. Entre las medidas planteadas se encuentran realizar pruebas de estrés hídrico y energético en instalaciones críticas y evaluar la vulnerabilidad climática de proveedores estratégicos.
La protección de los trabajadores también ocupa un lugar central. La aplicación de protocolos adaptados de salud e hidratación puede ayudar a disminuir los riesgos asociados con temperaturas extremas y preservar la continuidad de las operaciones.
En materia financiera, la firma plantea revisar las coberturas de seguros tradicionales y considerar soluciones paramétricas frente a posibles pérdidas.
Para las empresas mexicanas, la evolución de El Niño durante los próximos meses representará una prueba para sus mecanismos de adaptación. La capacidad de anticipar restricciones de agua y energía, proteger al personal y fortalecer las cadenas de suministro podría ser determinante para reducir pérdidas y mantener la continuidad operativa frente a condiciones climáticas más exigentes.



