Invertir dejó de ser una actividad exclusiva de expertos financieros o grandes patrimonios. La masificación de plataformas digitales, el acceso a información en línea y la apertura de mercados internacionales han permitido que cada vez más personas, especialmente jóvenes, comiencen a invertir desde etapas tempranas de su vida. Datos recientes muestran que el 36% de la generación Z empezó a invertir antes de ingresar formalmente al mundo laboral, frente a solo el 15% de los millennials, reflejando un cambio profundo en la relación de las nuevas generaciones con el ahorro y la planificación financiera.
Sin embargo, este mayor acceso también implica nuevos riesgos. Iniciarse en el mundo de las inversiones sin información suficiente, sin objetivos claros o sin una estrategia definida puede derivar en decisiones costosas. Especialistas del sector coinciden en que la clave no está en la rapidez para invertir, sino en hacerlo de forma responsable y alineada con la realidad de cada persona. A continuación, cinco recomendaciones fundamentales para quienes dan sus primeros pasos en este ámbito.
Definir el objetivo de inversión
El punto de partida para cualquier inversionista es establecer con claridad para qué se quiere invertir. No es lo mismo ahorrar con miras a un objetivo de corto plazo, como la compra de un vehículo en un año, que planificar un proyecto a cinco o diez años, o incluso la jubilación. Cada meta implica horizontes distintos y, por lo tanto, estrategias diferentes.
“Cuando un objetivo está bien definido, la estrategia se ordena sola. La claridad evita decisiones impulsivas y ayuda a mantener el rumbo”, explica el especialista en inversiones David Cosoi, CEO de Zesty. Según el ejecutivo, el plazo del objetivo influye directamente en el nivel de riesgo que se puede asumir: metas de corto plazo suelen requerir instrumentos más estables, mientras que horizontes más largos permiten tolerar mayor volatilidad.
Conocer el perfil de riesgo
Invertir de manera responsable no solo implica entender el funcionamiento de los mercados, sino también conocerse a uno mismo. El perfil de riesgo está estrechamente ligado a la tolerancia personal frente a las fluctuaciones del mercado y a la capacidad emocional para enfrentar pérdidas temporales.
Entender este aspecto resulta clave para evitar decisiones impulsadas por el miedo o la ansiedad, uno de los errores más comunes entre quienes recién comienzan. “Muchas malas decisiones vienen del pánico. Conocer tu tolerancia al riesgo te permite mantener el control, incluso en momentos difíciles”, comenta el ejecutivo. Identificar este perfil ayuda a construir una estrategia coherente y sostenible en el tiempo.
Empezar con montos manejables
Otra recomendación central es comenzar con montos pequeños. Invertir cantidades manejables permite aprender de manera práctica, familiarizarse con las plataformas digitales y comprender cómo se comportan los mercados sin comprometer ahorros significativos.
Actualmente, muchas herramientas financieras permiten iniciar con cifras bajas, lo que facilita la experimentación y el aprendizaje gradual. Este enfoque reduce la presión emocional y ofrece margen para cometer errores propios del proceso de aprendizaje, sin que estos tengan un impacto severo en las finanzas personales.
Evitar copiar portafolios ajenos
Replicar estrategias de amigos, influenciadores o inversionistas reconocidos puede parecer una vía rápida para obtener resultados, pero rara vez funciona. Cada persona tiene objetivos, plazos, ingresos y niveles de riesgo distintos, por lo que una estrategia exitosa para uno no necesariamente lo será para otro.
Los especialistas advierten que una estrategia eficaz debe ser personalizada y adaptada a la realidad de cada inversionista. Copiar portafolios sin comprender su lógica o sin evaluar si se ajustan a la situación personal puede aumentar el riesgo de pérdidas y frustración.
Apostar por la educación financiera
Finalmente, la educación financiera se presenta como un pilar esencial. Invertir no es un evento aislado, sino un proceso continuo que requiere información constante, comparación de alternativas y comprensión de los instrumentos utilizados.
Informarse, aprender conceptos básicos y entender exactamente qué se está comprando son pasos fundamentales para reducir riesgos y tomar decisiones más informadas. “La educación financiera es el verdadero motor del cambio. Cuando las personas entienden lo que están haciendo, toman mejores decisiones”, afirma Cosoi.
En un contexto de creciente acceso a los mercados financieros, estas recomendaciones apuntan a fomentar una cultura de inversión más consciente y sostenible, especialmente entre las nuevas generaciones que comienzan a construir su futuro financiero desde edades cada vez más tempranas.
