sábado, febrero 14, 2026

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Bad Bunny y el impacto cultural que sacude al marketing tras el Super Bowl

El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl volvió a convertirse en una vitrina global no solo para la música y el entretenimiento, sino también para el análisis estratégico del marketing. Esta vez, el protagonismo recayó en Bad Bunny, cuya presentación generó reacciones que trascendieron lo artístico y abrieron un debate relevante para la industria publicitaria.

Miguel Ángel Ruiz, socio fundador de DGC Bombay México y USA, compartió una columna de opinión donde reflexiona sobre el impacto cultural y comercial del artista puertorriqueño en uno de los escenarios más emblemáticos de Estados Unidos: el medio tiempo del Super Bowl.

Desde el inicio, Ruiz reconoce su distancia personal con el estilo del artista. “La música de Bad Bunny no me gusta y lejos está de representarme. De hecho, traducir algunas de sus letras a un extranjero me causaría un tema. Hasta el pasado domingo del Super Bowl estaba convencido de que, por más fama que tuviera, su trascendencia sería escasa con el paso de los años. Pero ese día cambiaron algunas cosas. No todas.”

El consultor sostiene que la dimensión del mensaje superó cualquier preferencia musical. “Sería tremendamente obtuso no reconocer que lo hecho por Bad Bunny fue poesía pura para el mundo de habla en español. Ese mundo que se levanta de madrugada a trabajar en los campos de California, ese mundo escondido en las cocinas de cientos de restaurantes en Nueva York, ese mundo que todos los días hace que las líneas de producción en Chicago no se detengan. Ese gran mundo que hoy representa unos 70 millones de personas que viven en ‘América’ como le hacen llamar algunos ignorantes a Estados Unidos, porque muchos ni el nombre de su país conocen.”

Más allá de la narrativa cultural, el texto introduce un dato demográfico clave para el análisis de mercado: el tamaño de la población latina en Estados Unidos. Ruiz señala que, con alrededor de 70 millones de personas, este segmento superaría en población a la mayoría de los países latinoamericanos, con excepción de Brasil y México. Desde la perspectiva empresarial, se trata de un mercado de enorme peso económico y creciente influencia.

En ese contexto, el autor describe el mensaje del artista como una intervención directa en uno de los escenarios más simbólicos de la cultura estadounidense. “Por eso y otras muchas razones, el discurso orquestado por Bad Bunny es simplemente espectacular y relevante, no sólo para esos 70 millones de latinos sino para todo el mundo que pudimos verlo. Porque llenó uno de los espacios más gringos que existen con una cantidad de símbolos latinos como nunca. Porque todos nos vimos retratados de alguna manera en algún momento del espectáculo, porque todos vimos un pedazo de nuestros países en uno o varios momentos de la puesta en escena. Porque la gran mayoría de lo que se dijo fue en español, porque para que no quedara duda hubo una pantalla que subtitulaba todo en español también. Porque nadie les tradujo nada a los gringos, el que entendió, entendió y el que no, ni modo.”

Para Ruiz, el elemento central fue la ausencia de temor. “Pero sobre todas las cosas, Bad Bunny actuó sin miedo. Y eso posiblemente sea lo que a ojos de la mayoría lo hace ser casi un superhéroe. Actuar sin miedo es lo que todos queremos, vivamos donde vivamos, creamos en lo que creamos o seamos del color de piel que seamos.”

El análisis también anticipa críticas y lecturas políticas. “Y ya sé que a estas alturas muchos están pensado cosas como ‘No seas ingenuo, a ese wey lo usaron y ni cuenta se dio’, ‘Nos quieren dar atole con el dedo’, ‘Lo usaron los adversarios del presidente para molestarlo’ o ‘Sólo es un acto político’. ¿Y sabes qué? Sí, es posible que algo de eso sea cierto, pero el punto es que Bad Bunny tomó su oportunidad y dijo lo que muchos quisieran poder decir y lo dijo bien, claro y fuerte.”

En su interpretación, la ejecución del mensaje fue estratégica y emocional. “Consciente o inconscientemente, el Conejo Malo asumió lo que se le puso enfrente y consumó un acto que retrata a todo un pueblo, y lo hizo usando el amor como instrumento de precisión y eso –me parece- es más chingón que sentarse en el baño a escribir en Instagram críticas vacías por el simple hecho de que su música no te guste.”

El cierre del espectáculo dejó, según Ruiz, una lección simbólica contundente. “Al final del acto, es una lección excepcionalmente didáctica, usando una frase emblema del pueblo estadounidense. Les enseñó que América no es un país sino un continente entero. God Bless America, dijo Benito, para después enumerar uno a uno cada país de Latinoamérica. Fantástico.”

Desde el ángulo empresarial, el punto crítico está en la reacción de las marcas. “Terminaré diciendo que ahora tengo expectativa de qué sigue. Para empezar y hablando desde mi profesión, ¿cuántas marcas se subirán a este tren?, ¿cuántas lo harán con inteligencia y cuántas sin entender del todo lo que están haciendo? Si te dedicas a la mercadotecnia, piensa bien antes de actuar.”

Para el sector publicitario latinoamericano —incluyendo el venezolano— el episodio abre una discusión estratégica: cómo conectar con audiencias diversas sin caer en oportunismo cultural. El Super Bowl demostró, una vez más, que el entretenimiento puede redefinir conversaciones económicas, sociales y de marca en cuestión de minutos.

Carlos Mendoza
Carlos Mendoza

Carlos Mendoza es un empresario y estratega de marketing digital que, a través de su experiencia en medios y posicionamiento online, ayuda a empresas de diferentes partes del mundo a aumentar su visibilidad y fortalecer su presencia en el mercado. Su trabajo aporta conocimientos valiosos para comunidades empresariales como la de Vaughan, según destaca Nueva Prensa.

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