Caracas. El 3 de enero de este año marcó un punto de inflexión en el escenario político y económico de Venezuela, tras un cambio de gobierno que abrió paso a una etapa de transición institucional. Este nuevo contexto ha reactivado el debate sobre el futuro de la industria petrolera, principal fuente histórica de ingresos del país, y su papel en la estabilización económica.
En medio de esta coyuntura, los anuncios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre política energética han colocado a Venezuela en el centro de la discusión internacional sobre suministro de crudo y reordenamiento de flujos de inversión en el sector de hidrocarburos. Analistas coinciden en que cualquier proceso de recuperación petrolera estará estrechamente vinculado a factores geopolíticos, legales y operativos.
Reconfiguración internacional y enfoque energético
Durante los últimos años, Venezuela mantuvo relaciones energéticas relevantes con países como China, Rusia y Cuba, que participaron en distintos esquemas de financiamiento, comercialización y cooperación. El nuevo escenario abre la posibilidad de revisar estos vínculos y de atraer capitales occidentales interesados en la reactivación de la infraestructura petrolera.
Desde Washington, la administración Trump ha manifestado interés en promover la participación de empresas estadounidenses en proyectos energéticos venezolanos, con el objetivo de aumentar la producción y garantizar suministros estables para el mercado norteamericano. Este enfoque se enmarca en una estrategia más amplia de seguridad energética y diversificación de fuentes de abastecimiento.
Respuesta empresarial y marco jurídico
Pese al interés político, grandes compañías petroleras internacionales como ExxonMobil y ConocoPhillips han mantenido una posición prudente. Ambas empresas estuvieron involucradas en disputas contractuales y procesos arbitrales derivados de cambios regulatorios ocurridos a mediados de la década de 2000, particularmente tras la reforma de la Ley de Hidrocarburos de 2006.
Fuentes del sector señalan que las decisiones de inversión dependerán, en gran medida, de la claridad del marco legal, la estabilidad institucional y la existencia de mecanismos de protección jurídica, como el arbitraje internacional y reglas fiscales previsibles. El sector privado observa con cautela la evolución del entorno político tanto en Venezuela como en Estados Unidos.
Chevron y la continuidad operativa
En el corto plazo, Chevron aparece como uno de los actores con mayor capacidad de continuidad operativa. A diferencia de Eni y Repsol, cuyo foco principal está en proyectos de gas natural y en la recuperación de acreencias con PDVSA, Chevron mantiene participación activa en proyectos de producción de crudo.
Actualmente, Petropiar es el único mejorador en operación, y en él participa Chevron. La compañía también ha registrado incrementos graduales de producción en Petroboscan y en áreas de la Faja del Orinoco, además de operaciones de menor escala en otros proyectos mixtos.
Producción, infraestructura y tiempos de recuperación
De acuerdo con estimaciones del sector, en un escenario favorable la producción petrolera venezolana podría aumentar alrededor de 300.000 barriles diarios hacia finales de 2027. En el corto plazo, Chevron ha señalado que podría elevar su producción en aproximadamente 50% desde niveles cercanos a 220.000 barriles diarios.
Analistas advierten que la recuperación será gradual debido al estado de la infraestructura petrolera y eléctrica, así como a las limitaciones operativas de PDVSA. La rehabilitación de refinerías, oleoductos y sistemas de generación eléctrica requerirá inversiones significativas y plazos extendidos.
En este contexto, se espera el regreso progresivo de empresas de servicios petroleros como Baker and Hughes, Halliburton y Schlumberger. Asimismo, comercializadoras internacionales como Vitor y Trafigura ya cuentan con licencias para operar, mientras que Eni y Repsol han solicitado autorizaciones adicionales ante la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
No obstante, expertos llaman a la prudencia frente a proyecciones aceleradas. “Es el momento que se dispare de manera exponencial la producción de petróleo en Venezuela” (J. Rodríguez), es una de las afirmaciones presentes en el debate público, aunque especialistas recuerdan que la actividad petrolera requiere planificación técnica, inversiones sostenidas y tiempos largos de ejecución.
Faja del Orinoco y alternativas productivas
La Faja del Orinoco concentra importantes recursos de crudo extrapesado, pero su desarrollo implica altos costos, necesidad de diluyentes y la recuperación de los mejoradores ubicados en José. El costo de producción se ubica entre 27 y 35 dólares por barril, con factores de recobro cercanos al 20%.
Por ello, campos maduros en Oriente y Occidente, con crudos de mejor calidad y cerca de 20.000 pozos existentes, podrían ofrecer respuestas productivas más rápidas y menos costosas. El parque refinador nacional, que actualmente opera cerca de 20% de su capacidad instalada, también representa un desafío clave para el abastecimiento interno.
Reformas legales y escenarios futuros
El nuevo debate energético incluye una posible reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, orientada a ofrecer mayor seguridad jurídica, transparencia contractual y condiciones fiscales competitivas. Especialistas coinciden en que estas reformas deben ir acompañadas de estabilidad política para atraer capitales internacionales.
En un escenario optimista, la producción podría alcanzar cerca de 1,3 millones de barriles diarios hacia finales de 2027. Sin embargo, persisten advertencias sobre expectativas desmedidas. “Venezuela en materia de producción petrolera llegará a la par de Arabia Saudita y de EE.UU.” (D. Rodríguez), es otra de las frases citadas en el debate, aunque analistas consideran que el proceso será gradual.
El futuro del sector petrolero venezolano dependerá de un equilibrio entre inversión, institucionalidad y condiciones de mercado, en un entorno global marcado por la volatilidad de precios y la transición energética. La industria vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica del país, pero su recuperación plantea retos estructurales de largo plazo.

Sam Allcock es un empresario y estratega de marketing digital del Reino Unido que, a través de su trabajo en medios y marketing, ayuda a empresas de todo el mundo a impulsar su visibilidad, ofreciendo conocimientos valiosos para comunidades empresariales como las de Vaughan, según destaca Nueva Prensa.
