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La rebelión

Le habían dado la palabra a Perucho, el hijo de Eduardo Fernández, vestido como precandidato, siguiendo los pasos del sueño Imposible de su padre en esa ilusión de sentarse en Miraflores. En el momento que agarra el micrófono irrumpieron unos jóvenes de diferentes toldas políticas, gritando ¡Fuera, Fuera! En franca alusión a Barreto. Todo se miraron sorprendidos. Los protestantes eran miembros de Copei, Primero Justicia, Voluntad Popular y La Resistencia.

Culpaban a Barreto de traidor, al haberse entregado al gobierno en un pacto que desconoce el esfuerzo hecho por los manifestantes en el estado Anzoátegui y la pérdida de más de cien vidas humanas en todo el país para que gente como Barreto cayeran ante la voluntad del gobierno. El candidato impuesto en contra de la voluntad popular no podía esconder la cara de miedo, el otro príncipe de Cantaura no escondía el desagrado por el rechazo a su candidatura, el rostro se le tornaba cada vez más rojo quizás por la falta de defensores.

Mientras los tránsfugas profesionales trataban de mediar con los jóvenes, ya que fueron sus compañeros, pues los dos habían pasado por la secretaría regional de Copei y hoy uno está con Acción Democrática y el otro con Primero Justicia. Allí Barreto empezó a sonreír, pensando que todo estaba controlado. Eso parecía. Pero un sindicalista le pregunto a uno de los jóvenes que cuanto habían cobrado por ir a manifestar, este respondió preguntándole y a ti cuanto te pagaron por vender los derechos de los trabajadores de la gobernación, casi se van a las mano cuando el sindicalista intento agredirlo.

Los muchachos seguían exigiendo primarias desconociendo la imposición de Barreto. Perucho, no lo pensó dos veces y llamo a su padre Eduardo Fernández, preguntándole, ¿Papi, qué hago?, guardo el teléfono y salió caminando lentamente acatando la orden del progenitor, antes le había dicho a un joven copeyano en el oído, “quédense tranquilo que yo estoy con ustedes”, el joven molesto le contesto y qué haces aquí levantándole la mano a Barreto.

Cuando los ánimos estaban controlados Pedro Luis, ante el fracaso del acto pierde el control y amenaza con darle cinco balazos al líder de la protesta, otro empuja a un muchacho, vuelan las sillas y los jóvenes se vieron obligados a defenderse. Pedro Luis recibió un golpe que lo hizo perder el conocimiento por segundos, no sabía si fue un puñetazo o una silla, lo levantaron mientras se veía la cara ensangrentada.

El gordo ex presidente de Fedecamaras, lo miraba lamentando que el herido no fuese él para agarrar centrimentaje en los medios de comunicación. Una de esas sillas blancas iba dirigida como un misil hacia la humanidad de Barreto, pero afortunadamente el resistente brazo de Nacho la detuvo en el aire impidiendo pegara en la cara del candidato de la MUD, apenas lo rozó. La mejor crónica tuvo que haberla realizado una periodista que por su estatura no necesitaba sillas para ver lo que sucedía.

Pedro de Lila