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En el Banco del Libro se lee para resistir ante las adversidades

Ala sede del Banco del Libro se entra por la puerta trasera; la principal se mantiene cerrada por seguridad. El pequeño edificio en Altamira, que alberga 57 años de trayectoria literaria, ha sido asediado por los embates de la represión y el hampa. En una misma semana les tumbaron una pared de ladrillos, les robaron varios equipos y se incendiaron dos autobuses frente a la fachada, que quemaron parte de la infraestructura.

“Aquí nos mantenemos porque leer también es una forma de resistencia”, subraya la directora ejecutiva de la institución, María Beatriz Medina, quien tiene 11 años dando la cara por el espacio hecho para los libros y las comunidades, y que cuenta con varios premios y reconocimientos internacionales que catalogan a su equipo como pionero.

Inseguridad
“Se metieron y se llevaron cuatro computadoras, una Mac, cuatro teléfonos de la central y el equipo de sonido, pero no tocaron ni un libro”, dice Medina mientras sonríe. La energía de la gestora cultural ha logrado cimentar las bases de la institución que, a pesar de la crisis económica y de los problemas constantes con la sede, sirve como un refugio para los pequeños lectores.

“Decidimos retomar nuestros programas de lectura, pero estamos buscando espacios alternativos, ya que se ha hecho muy complicado desde aquí”, explica Medina, que a pesar de haber sacado bolsas llenas de cartuchos de lacrimógenas del edifico, sigue fomentando La Hora del Cuento, en la que los niños y sus padres tienen acceso a más de dos mil títulos de literatura.

Actividades
“A principios de abril fue complicado por las movilizaciones constantes, pero ahora continuamos con La Hora del Cuento los domingos en la mañana, porque la formación de lectores es el primer peldaño para concretar la formación de los ciudadanos. Si formas gente que lee, en el futuro podrán plantarse como seres críticos ante cualquier discurso”, asegura la directora ejecutiva del centro.

Cerca de la sede, localizada al final de la avenida Luis Roche, semanalmente hay enfrentamientos entre fuerzas de seguridad estatal y manifestantes. Varios jóvenes encapuchados piden dinero en las afueras del recinto.

“El 3 de mayo se metieron y nos robaron. Después, en la primera semana de junio, abrieron un hueco en la pared de ladrillos, se metieron, robaron; y dos o tres días después se incendió un autobús a un metro del paredón de la entrada. Aún estamos trabajando en las reparaciones de la fachada”, explica Medina.
Los que están ahora tienen que estar pendientes a cada rato para ver si nos vamos o nos quedamos. No es fácil”, dice Medina. A pesar del contexto, en la sede se mantienen en la proyección del relanzamiento del programa Tendiendo Puentes con la Lectura, que nació en 1998 y apoyó a los damnificados del deslave de Vargas.