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domingo, 01 de agosto de 2010
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La autocracia chavista en su plenitud Imprimir E-Mail
viernes, 07 de agosto de 2009

"La Constitución es un librito amarillo que se reforma todos los años y se viola todos los días”, fue la descripción fría e implacable que hizo del espíritu de las leyes, un ilustre académico de la UCV del siglo XIX, desde el momento en que se funda la República de Venezuela en 1830. Esta va a tener desde sus mismos comienzos como característica básica la autocracia militarista con el primer presidente, el “centauro de los llanos", José Antonio Páez; hasta el “caudillo de la mulera”, Juan Vicente Gómez, quien muere el 17 de diciembre de 1935, un siglo y un lustro después, con un gobierno de 27 años en el que se aprueban nueve cartas magnas de acuerdo a los caprichos o necesidades del autócrata o dictador, que concentraba todo el poder político, militar, económico e institucional en sus manos. Se hicieron constituciones que fueron una sátira, como la tercera de Gómez que establecía que “la soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce por medio de los poderes públicos”.

La Guerra Federal, 1859-64, supuestamente introduciría los conceptos de descentralización y federalismo, inscritos desde la firma del acta de la independencia de 1811, pero concluida fue el fin del mismo, que quedó para el frío papel de la constitución hecha en ese año, ya que creó micro centralismos, amplió la disputa entre dos partidos que no tenían mayores diferencias que las del liderazgo, “el Liberal” y “el Conservador”, que desaparecieron con la caída del “Liberalismo amarillo” en 1989, quedando sólo el centralismo de Gómez.
 
La autocracia significó atraso y estancamiento, un retorno al absolutismo vivido bajo el imperio español, con los agravantes de intransigencia, abyección y barbarie. Un país atascado frente a los avances políticos, tecnocráticos y científicos del mundo. En ella se manifestaron los personalismos, la oligarquización extrema, los negociados turbios y la corruptela, el asalto a los bienes de la nación y la inexistencia de instituciones autónomas.
 
Ello fue de tal magnitud que un escritor del fuste de Mariano Picón Salas afirmaría que “con el final de la dictadura gomecista, comienza apenas el siglo XX en Venezuela, comienza con treinta y cinco años de retardo”. Esta breve síntesis histórica la hacemos para ilustrar los fundamentos sociológicos y culturales del Gobierno de Hugo Chávez, expuestos en su campaña electoral 1986-88. En el acto de juramentación como Presidente de la República el 2 de febrero de 1999, y en su ejecutoria del poder en el largo lapso de una década.
 
Que nadie se llame a engaños, como lo hicieron durante mucho tiempo grupos empresariales, medios comunicacionales y cúpulas partidistas, que jugando a entendimientos imposibles, ajenos a una realidad que no vieron, permitieron su avance progresivo sobre el control de los poderes públicos, las instituciones, la economía, la Fuerza Armada, revestida con el ropaje democrático que le da una legitimidad electoral, al igual que Roberto Mugabe en Zimbabue, con 27 años en el Gobierno; dándonos una autocracia, en la que en un solo hombre recaen todos los poderes y la autoridad absoluta de la República.
 
Las medidas de Conatel contra 34 primeras emisoras que fueron cerradas, de las 240 anunciadas, violando los artículos 57 y 58 de la Carta Magna; la amenaza de la Ley de Delitos Mediáticos, presentada ilegalmente y en abierta violación del artículo 204 de la Constitución por la fiscal Luisa Ortega, quien no tiene atribuciones para presentar ante la AN ningún proyecto de ley; el madrugonazo dado con la aprobación de la Ley de Procesos Electorales, también violatoria del artículo 63 de nuestra regla de reglas; la premura en aprobar sin discusión una Ley de Educación constrictiva e ideologizante, y de una habilitante para que Chávez cierre el círculo de las leyes que rigen su autocracia, eran de esperarse. Tan sólo queda esperar la reacción de la sociedad civil en un dilema que ya está sobre la mesa del juego político: ¿democracia o autocracia?.

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